El olvido es peor que la muerte

…Pero suecede que oigo a la noche llorar en mis huesos.

Su lágrima inmensa delira

y grita que algo se fue para siempre.

Alguna vez volveremos a ser.

“La noche” Alejandra Pizarnik

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En noviembre recién pasado recibí la copia del extraordinario trabajo de Ernesto Valle Moreno, su tesis de licenciatura de periodismo. Una recopilación sobre la vida de uno de los tantos jóvenes que murieron para derrocar a la dictadura de Somoza.

No sé si será cierto que a él le pusieron su nombre en honor al combatiente, tampoco conozco a Ernesto Valle, ni sus motivos para rescatar la historia de mi hermano Ernesto Castillo Salaverry.

Es un trabajo hermoso, con todo y que la versión final del documental se la robaron en uno de esos asaltos a mano armada que empiezan a abundar en las calles de Managua. La sencillez y dulzura con que las que aborda la vida y muerte me trajo los recuerdos de mi hermano, de una de sus últimas fotos con vida en la que está en Costa Rica empacando su mochila para entrar a combatir a Nicaragua.

La primera vez que vi el documental confieso que no pude parar de llorar. Antes de eso solo me había permitido llorar cuando tuvimos que desenterrarlo porque la fosa común donde lo dejaron iba a ser removida para construir un hospital para niños-as. Cuando supe del hospital, recordé uno de sus poemas:

“…Donde los desconocidos
derramaron su sangre,
ahí donde dejaron
un recuerdo
oloroso a pólvora,
ahí donde los guardias
incendiaron rachos,
donde el avión destrozó
aldeas,
levantaremos escuelas,
cooperativas,
hospitales
con los nombres de aquellos
que murieron sin verlas”

El hospital no se construyó.  El gobierno de Daniel Ortega no estuvo de acuerdo con las condiciones de quienes donaban todo el proyecto.

Fue duro el proceso de remover los restos, a mi me encomendaron buscar la foto en La Prensa donde sale muerto. Recuerdo como mi mamá cuenta que se la enviaron a Costa Rica (estaba exiliada) como un gesto de generosidad, la última foto y ella se horrorizó. Esa imagen no se parecía a su hijo, mucho menos quería que fuera la última imagen que guardaría de él. No la culpo, no se parecía en nada al recuerdo que me quedó de la última vez que lo ví cuando yo tenía 9 años.

A mi hermana, la que era más pegada con Ernesto le correspondió la tarea de estar en el momento de desenterrarlo. Pocos restos quedaban después de 30 años de su muerte, un pedazo de calcetín que le habían comprado antes de entrar a Nicaragua. Era una marca tica, no recuerdo el nombre, pero algo que ver con un punto rojo.

Todo alcanzó en un ataúd de niño. Cuando lo vi sólo pude pensar, ¿será que la muerte de alguna manera lo regresó a su infancia?

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Fotos: Castillo Salaverry

Título de entrada y documental,  tomado de poema Ernesto Castillo Salaverry

Enlace a trabajo de Ernesto Valle Moreno

http://elolvidoespeorquelamuerte.wordpress.com/2013/11/25/el-olvido-es-peor-que-la-muerte